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EUROPA
INICIA LA CARRERA PARA EXPLOTAR EL SOL DEL SAHARA
El
próximo 13 de julio en Múnich se sentarán las
bases de lo que será el mayor parque generador de energías
renovables del mundo, denominado Desertec Industrial Initiative.
El capítulo alemán del Club de Roma y la compañía
aseguradora Munich Re organizan en la capital bávara una
conferencia para conocer qué empresas, inversores, centros
de investigación y constructores comienzan a levantar en
el desierto del Sáhara las plantas solares termoeléctricas
que, según sus previsiones, abastecerán en 2050 el
15% de la demanda eléctrica europea y dos tercios de la del
Norte de África y el Medio Oriente.
En
Desertec parten de la máxima de que en solo seis horas los
desiertos reciben más energía solar que la que consume
toda la humanidad en un año. A partir de aquí, calculan
que si en el del Sáhara se aprovechara un terreno del tamaño
de Andalucía se produciría electricidad para abastecer
a todo el mundo, y con uno equivalente a la provincia de Barcelona
llegaría para cubrir la demanda de la Unión Europea.
Pero
los 20 GW (gigavatios) para 2020 y los 100 GW para 2050 que se pretenden
instalar en el Sáhara han creado más controversia
de la que se esperaba en un proyecto basado en las energías
más limpias. Sus críticos ven en el programa una forma
de prolongar la dependencia energética del exterior; para
otros, puede considerarse una nueva forma de colonización

Imagen del Plan Desertec
La
Fundación Desertec aglutina a todas las fuerzas vivas que
apoyan el proyecto, un compendio de sociedades y de países
liderados por Alemania, bajo el paraguas del Club de Roma, la Trans-Mediterranean
Renewable Energy Cooperation (TREC) y la red EU-MENA, formada por
estados de la Unión Europea, el Norte de África y
Oriente Medio.
En
Alemania han surgido voces que cuestionan que el monumental presupuesto
que se maneja (400.000 millones de euros de aquí a 2050)
va a detraer inversiones y ayudas para otras tecnologías
sostenibles, como la instalación de paneles fotovoltaicos
sobre tejados.
Michael
Straub, director de Marketing de Desertec, puntualiza que la inversión
es a lo largo de 40 años, que servirá también
para dotar de plantas desalinizadoras en el área de producción
y que la mayoría del dinero procederá de la empresa
privada, "aunque durante los diez o quince primeros años
será necesario que las plantas termoeléctricas cuenten
con una tarifa incentivada para competir con los combustibles fósiles".
Las plantas solares termoeléctricas utilizan paneles que
concentran la radiación solar en un tubo con un fluido térmico
que pasa a un generador de vapor y alimenta la turbina que produce
electricidad.
Las
voces críticas se escuchan dentro del mismo sector. "Este
megaproyecto carece de lógica lo mires por donde lo mires",
dice Carlos Muñoz, presidente de la sección Solar
Termoeléctrica de la Asociación de Productores de
Energías Renovables (APPA). "No tiene sentido que estemos
apostando por un sistema de primas para que las tecnologías
maduren y se abaraten los costes, y por una red distribuida y no
centralizada más acorde con el desarrollo sostenible, y de
repente lleguen compañías alemanas y te digan que
resulta más barato comprar energía solar en el extranjero,
a miles de kilómetros".
Otro
crítico es Wolfgang Palz, presidente europeo del Consejo
Mundial de Energías Renovables, quien declaró: "En
Alemania se habla de producir energía fotovoltaica en el
Sáhara para transferir después la electricidad a Europa.
Eso sería una estupidez. Ahora que podemos dejar de depender
del gas de Argelia, no tendría sentido empezar algo así".
El
portavoz de Desertec puntualiza que "no se va a construir una
sola planta en un único país con una sola transmisión,
sino una red descentralizada que integrará toda la producción
renovable en la región de Europa, Medio Oriente y Norte de
África, con el suficiente soporte tecnológico que
impida que esa conexión quede interrumpida o falle el suministro".
En
la configuración del proyecto a lo largo de esta región
aparecen principalmente plantas termosolares en toda la franja árida
que va de Marruecos a la península Arábiga, pero también
parques eólicos en la costa atlántica del norte de
África y en España, norte de Europa, Turquía
y Mar Rojo; centrales hidroeléctricas en este último
país, Marruecos y el valle del Nilo; y, ya a menor escala,
instalaciones de biomasa, solar fotovoltaica y geotermia repartidas
por el continente europeo.
Con
este reparto energético entre varios países se responde
a otras críticas que ven en el proyecto una especie de nuevo
colonialismo, que esta vez llega con tecnología europea destinada
al consumo de electricidad en Europa. Carlos Muñoz advierte
de que "el primer proyecto va a consistir en establecer líneas
de transporte en corriente continua a través de cuatro puntos
hacia Europa; si es una alternativa energética de apoyo al
Magreb y en general a África, se podría haber aprovechado
y llevarlo primero hacia el sur". Una línea de este
tipo, de Argelia a Almería, ya existe, y discurre paralela
a un gasoducto que cubre el mismo trazado.
La
necesidad de construir interconexiones eléctricas para un
amplio número de países parece, hoy por hoy, uno de
los retos más difíciles de conseguir. Otros proyectos
de este tipo entre países vecinos han sido siempre muy polémicos
por diferencias políticas y por su impacto ambiental.
José
Santamarta, director de World Watch en España y coautor junto
a Comisiones Obreras del informe sobre emisiones de CO2,, piensa
que "la mejor opción, por costes, es aprovechar la energía
eólica del litoral de Marruecos, ex Sáhara español
y Mauritania. Pero para frenar el cambio climático, no optar
por las centrales nucleares y dar un nivel de vida digno a la gente,
con desalinizadoras que den el agua necesaria, hace falta un proyecto
como Desertec".
España se abre paso en el Magreb
Hasta la fecha solo han trascendido los
nombres de empresas alemanas involucradas en el proyecto Desertec
(entre ellas grandes conglomerados como Siemens, E.On y RWE), pero
desde la fundación reconocen el interés por entrar
en el mismo de algunas compañías españolas,
como Abengoa, a la que ponen como ejemplo por la construcción
de la primera planta termosolar comercial del mundo en Sanlúcar
la Mayor (Sevilla).
En
realidad Abengoa ya esta presente en la región del Magreb,
en concreto en Argelia y Marruecos, donde construye sendas centrales
híbridas de gas natural de ciclo combinado con termosolares.
Sin poder considerarse energía solar pura, los campos de
colectores cilindro parabólicos de 20 MW de potencia serán
los primeros que se levanten en el Sahara.
"Los
alemanes pretenden vender su tecnología a través de
Desertec, pero lo importantes es lo que digan los Gobiernos del
norte de África, que en algunos casos ya trabajan con empresas
españolas". La afirmación corresponde a Cayetano
López, director general adjunto del Centro de Investigaciones
Energéticas, Medioambientales y Tecnológicas (Ciemat),
institución pionera en Europa en investigación, desarrollo
y ensayos en tecnologías solares de concentración.
"Argelia es el país del norte de África que más
decididamente está apostando por la tecnología termosolar",
afirma López, que conoce de primera mano los planes del Gobierno
argelino. Sus autoridades esperan tener instalados 6 gigavatios,
un objetivo ambicioso, en 2020.
Fuente: www.portaldelmedioambiente.com
Imagen: faircompanies.com
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