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MAESTRAZGO: Mirambel, Cantavieja y La Iglesuela del Cid

    En el alto Maestrazgo, a los pies de la Sierra de Palomita se encuentran tres de las poblaciones más espectaculares, con más historia y mejor conservadas de la Comarca del Maestrazgo: Mirambel, Cantavieja y La Iglesuela del Cid.

Proponemos comenzar esta ruta por Mirambel.

Mirambel

    Que Mirambel fuera premio Europa Nostra de Restauración no es una casualidad. Adentrarse por cualquiera de sus puertas es remontarse varios siglos atrás, a la época medieval que mantienen las piedras del castilo, de las casas de las calles. .
Está situada al pie de la montaña de San Cristóbal y cerca del pequeño río o rambla de Cantavieja.

    Accesible por la carretera CV-123 de Olocau del Rey y la Te-V-8424 de Villarluengo. También se accede por la carretera Cv-120 de Forcall y las ¡-226 y A-227 de Cantavieja y La Iglesuela del Cid. La economía actual de Mirambel gira en torno al sector agropecuario y turístico.

Historia
    No faltan los asentamientos prehistóricos en el término municipal de Mirambel, destacando el yacimiento ibérico de El Castellar. Recientes excavaciones arqueológicas han permitido también detectar ocupación prehistórica en el propio emplazamiento de la villa.
Sin embargo hay que esperar a la reconquista y repoblación para ver a Mirambel, entre las poblaciones que pasan a integrar la encomienda templaria de Cantavieja.
Fueron los caballeros templarios quienes, en 1243 le otorgaron carta de población. Villa de marcado carácter fronterizo, sirvió durante la Edad Media como puesto aduanero en el tránsito hacia Valencia.
    Protegida por sus murallas llevó una vida tranquila, con los habituales problemas de vecindad, que sacuden a la mayor parte de los municipios aragoneses.
Esta población logró un gran protagonismo al quedar dentro del espacio controlado por el general Cabrera, durante la primera guerra carlista, en 1837 fuelugar del enfrentamiento entre liberales y carlistas, pereciendo quemados dentro de la iglesia, buena parte de los primeros.      Poco después, sirvió de sede a la Junta y la corte carlista, siendo sede de la imprenta desde la que se imprimieron boletines y proclamas para todo Aragón, sin embargo no padeció los fuertes bombardeos de otras poblaciones fortificadas por el ejército carlista.
Durante la guerra de 1872, fue lugar de encuentro entre generales liberales y Marco de Bello, general de los carlistas de Aragón. Tras la crisis de la última guerra civil, cayó en un largo letargo con una gran pérdida de población, del que salió a través del reconocimiento a sus méritos artísticos y de restauración.

Patrimonio
    Hablar del patrimonio de Mirambel es tratar de uno de los conjuntos arquitectónicos más conocidos de Aragón, cuenta con la condición de Bien de Interés Cultural y ha recibido el premio Europa Nostra de Restauración.
    Antes que individualizar cualquier elemento hay que valorar la idea de conjunto armónico que preside esta pequeña localidad, rodeada por un recinto amurallado, que se encuentra prácticamente íntegro, con sus accesos originales. Entre los elementos del recinto que han adquirido valor emblemático está el Portal de las Monjas, con su decoración de celosías de yeso, que se han convertido en la imagen asociada al patrimonio de Mirambel.
    Singularizando elementos podemos empezar por la plaza del ayuntamiento, este edificio supone una elaboración monumental de las tradicionales construcciones de lonja-trinquete y planta, alcanzando tres plantas, dedicada la segunda al gran salón de plenos. En la planta inferior, tras el gran zaguán, se encuentra la cárcel de cronología anterior, probablemente gótica. El ayuntamiento corresponde al siglo XVI.
    Frente a éste, la iglesia parroquial, varias veces incendiada la más grave de las cuales correspondió a la primera guerra carlista. Es una construcción barroca en la que destaca la solidez y elegancia de su torre, con su remate flanqueado por volutas, que aligera la solidez del cuerpo cuadrado sobre el que se asienta. Formando parte del mismo conjunto está el horno, sencilla estructura formada por una nave cubierta mediante arcos diafragma y cubierta de madera.
Completan el conjunto los restos del Castillo, recientemente recuperado.
    El resto del pueblo está ocupado por un sinnúmero de palacios, en el que destaca los que integran la plaza Aliaga, grandes construcciones de sillería con tres plantas y galerías de arcos de medio punto en la última planta, tipología que se repite en otros palacios del pueblo, sin que falten los detalles de tradición medieval.
La arquitectura religiosa se completa con el Convento de monjas agustinas, sobre la muralla, en la calle Mayor.
    En el término municipal, abundan los elementos de interés: las masías fortificadas de Santa Ana y de la Torre, el puente Vallés, las ermitas de San Martín, del Pilar... y un sinnúmero de elementos y detalles arquitectónicos.

Naturaleza
    Este municipio linda con la provincia de Castellón; por él discurre el río Cantavieja, que desembocará más tarde en el Bergantes.
    La masa forestal de Mirambel se encuentra bastante disminuída, por lo que predominan los prados y pastizales. Es destacable la vegetación de ribera del río Cantavieja; los chopos cabeceros se conservan bastante bien en las cercanías del pueblo.
    La apariencia deforestada y abancalada, no transmite la imagen real de un municipio, lleno de rincones y barrancos de gran belleza
    Desde los montes que rodean el pueblo hay que destacar el mirador de Moragues, donde el término parte con el de la vecina población de La Cuba, que permite contemplar grandes extensiones de la provincia de Teruel y de la de Castellón, en un monte de carrascas que alternan con los prados.

Cantavieja

Desde Mirambel nos dirigimos a Cantavieja por la carretera A-226

    Este pueblo es la auténtica cabeza del Alto Maestrazgo, evocativo de la cabezonería de un general. Está situada en una roca escarpada a modo de quilla de barco que le confiere una espectacular silueta, a 12000 metros sobre el nivel del mar. Su economía es fundamentalmente agrícola y ganadera, tiene un importante patrimonio cultural y un elevado desarrollo turístico.

Patrimonio
    La villa de Cantavieja, goza de la condición de Conjunto Histórico, desde el año 1981, así la totalidad de las calles de su casco antiguo, la arquitectura y sus detalles, son elementos dignos de contemplación.

    Destaca la plaza mayor, sin duda una de las más monumentales del Parque Cultural del Maestrazgo, porticada en tres de sus lados, dos de ellos ocupados por el ayuntamiento y la iglesia parroquial. El Ayuntamiento, de origen medieval, ha sufrido diversas reformas, destaca el escudo que preside la fachada y el gran salón de plenos, con techumbre gótica de madera. La Iglesia es la consecuencia de una larga evolución, conserva el pórtico gótico de arcos apuntados, la torre-pasadizo, con una pequeña portada medieval y el gran edificio de tres naves con girola construido en el siglo XVIII, con proporciones catedralicias.

    La iglesia de San Miguel, es una pequeña joya gótica, con un interesante sepulcro gótico en su interior. Se sitúa junto al antiguo hospital de San Roque.

    El elemento que preside la silueta es la ruina del castillo, convertido tras las guerras carlistas en monumental calvario, presidido por una capilla de planta circular, elevada sobre la desaparecida torre del homenaje.
En el resto del pueblo no faltan los detalles constructivos de interés, escudos, interesantes soluciones de carácter popular, la ermita de Loreto, casa del Bayle, del mismo modo que una interesante arquitectura repartida por el extenso término municipal.

Historia
    Cantavieja cuenta con las evidencias comprobadas, a través de excavación arqueológica, más antiguas del Parque Cultural del Maestrazgo, que llegan hasta el Paleolítico, gracias a las excavaciones de la Cueva de los Toros.
    Como otros muchos pueblos del Maestrazgo hace su entrada en la Historia gracias a la Reconquista Cristiana. En 1197 ya estaba en manos cristianas, pasando a la Orden del Temple, encabezando una importante encomienda de la que dependerán otras poblaciones de su entorno: Iglesuela del Cid, Mirambel, Cañada de Benatanduz, Villarluengo, Tronchón y La Cuba.
    En 1225, los templarios otorgaron carta de población a los habitantes de Cantavieja. A lo largo de la Edad Media mantuvo una creciente importancia. Fue uno de los núcleos de resistencia templaria en el momento de la disolución de la Orden, pasando posteriormente a depender de los sanjuanistas. Los comendadores de Cantavieja tuvieron un gran peso dentro de la Castellanía de Amposta. Al igual que otras poblaciones del entorno, desarrollaron una importante actividad ganadera, con los correspondientes conflictos con otras jurisdicciones circundantes.
    Es sin duda en el siglo XIX, cuando la villa supera el protagonismo que siempre había tenido, durante la primera guerra carlista (1833-1840), al convertirse en el centro del pequeño estado, bajo el mando del general Cabrera. Fortificada en 1835, fue tomada en 1836 por los liberales y reconquistada por el general Cabañero en 1837. Cuando el ejército carlista se retiró a Morella en 1840, se voló una parte del castillo y de la población. Las siguientes sublevaciones carlistas (1846-1849 y 1872-1875) tuvieron reflejo en la zona.

Naturaleza

    Cantavieja se sitúa en la confluencia de las serranías de Gudar y Maestrazgo, y posee un entorno natural y paisajístico de gran belleza. El término municipal es recorrido por el río Cantavieja, afluente del Bergantes y éste a su vez del Guadalope.
    En el entorno de Cantavieja el paisaje está dominado por la Muela Monchén (1.779 m.), superficie tabular cubierta de una espesa masa de pino laricio donde tiene lugar el nacimiento del río Palomitas. Alrededor de la muela se prolongan taludes y escarpes, con los estratos vegetales perfectamente escalonados: pinares, carrascas, rebollos, y finalmente matorrales de sustitución (aliagas y tomillos) en los campos abandonados.
    También se puede destacar el paraje del Puerto de Cuarto Pelado, con un relieve suavizado con el paso del tiempo gracias a la fusión de la nieve, acumulada en importantes cantidades durante el invierno. Es un lugar que nos recuerda bastante a los paisajes pirenaicos, con una superficie amplia de pastos naturales y una importante masa de pino laricio en las zonas más altas. En terrenos más abrigados se encuentran las carrascas, los quejigos y los rodales de boj acompañados por rosales silvestres; un terreno perfecto para la nidificación de la codorniz, abundante en las estribaciones del puerto.
    Al sur de Cantavieja, el mirador de Tarayuela (1.738 m.) ofrece una buena panorámica de la diversidad paisajística de la zona; aterrazamientos, vegetación de ribera (río Cantavieja y Barranco de Juan Torres), barrancos, plataformas y valles abiertos sobre la caliza junto a los relieves más escarpados. En las proximidades del mirador hay un comedero de buitres, por lo que es una zona perfecta para observar a las aves carroñeras (buitres y alimoches), así como algún milano en su paso migratorio.

La Iglesuela del Cid

    Desde Cantavieja, tomamos la A-227 para llegar a La Iglesuela. Esta población es uno de los hitos del Maestrazgo. Ofrece tanto la oportunidad de admirar el pueblo con sus casas de impresionantes aleros como perderse por su entorno entre paredes de piedra seca, para volver a reponer fuerzas con una deliciosa comida.

    Enclavada en el Alto Maestrazgo, es el último pueblo de la provincia de Teruel antes de llegar a Villafranca del Cid (Castellón).
Su termino municipal es de 40,3 km2 de superficie y una altitud de 1227 m. sobre el nivel del mar. Debido a su gran potencial turístico cabe destacar sus servicios en hostelería.

Historia
    El pasado romano de La Iglesuela, está sobradamente probado, gracias a los importantes restos arqueológicos del Santuario de Nuestra Señora del Cid, donde además de existir un yacimiento arqueológico se conserva la base de un mausoleo romano de grandes proporciones con abundantes restos de inscripciones y elementos decorativos.
    La asociación de su topónimo, con el sobrenombre del legendario guerrero castellano, es antigua y frecuente también en las poblaciones de la zona.

    Con la reconquista pasará a depender de la orden del Temple quien le otorgará carta de población en 1241, siguiendo desde entonces los pasos del resto de la encomienda de Cantavieja, pasando tras desaparición del Temple a depender de los sanjuanistas.
    No cabe ninguna duda de su importancia y auge económico a juzgar por la importancia y cantidad de sus palacios, que desde la Baja Edad Media, se desarrollan a lo largo de toda la Edad Moderna. Al igual que el resto de las poblaciones de la encomienda, se vió envuelta en los enfrentamientos bélicos del siglo XIX, si bien no padeció los bombardeos que arruinaron otras poblaciones. La pérdida de población del siglo XX se ha visto frenada por el auge turístico y el mantenimiento de algunas industrias de transformación

Patrimonio
    La Iglesuela del Cid, entre sus muchos valores artísticos destaca por poseer un conjunto de arquitectura civil singular, con excepcionales ejemplos desde la Edad Media hasta el siglo XVIII: las casas Guijarro y Aliaga, dentro de la tradición de los palacios aragoneses en sillería, con galería de arquillos y grandes aleros tallados en madera, o el palacio Matutano-Dauden, actual Hospedería del Maestrazgo, donde junto a la riqueza decorativa de carácter rococó de sus salones, podemos contemplar uno de los mejores ejemplos de escalera imperial del territorio aragonés.

    Sin duda el espacio urbano más singular sea el de la Plaza Mayor, formado por la portada de la iglesia, edificio renacentista posteriórmente ampliado, la casa del Blinque y su porche singular y las arcadas góticas del ayuntamiento, con gran salón de plenos y techumbre de tipo mudéjar.

    Las calles aparecen llenas de magníficos ejemplos de forja, escudos y detalles de sillería, sin que falten en los patios de las casas los característicos mosaicos realizados mediante cantos de río.La silueta exterior es presidida por la "torre de los nublos", el antiguo castillo y la torre barroca de la iglesia.

    La riqueza patrimonial no termina en el casco histórico, declarado Bien de Interés Cultural sino que continúa en el Santuario de Nuestra Señora del Cid, edificado con los restos de un mausoleo romano y la declaración del área de interés etnológico de la arquitectura de piedra seca de buena parte del término.

Naturaleza
    El entorno natural de la Iglesuela del Cid se caracteriza por sus contrastes. En su término municipal se encuentra la cabecera del río de la Cuba, afluente del río Cantavieja. Además circula por el límite sur del pueblo la Rambla de las Truchas, afluente del Bergantes. El relieve va descendiendo suavemente hacia Villafranca del Cid, ya en la provincia de Castellón.
Un paraje muy visitado por los vecinos de La Iglesuela es la fuente del Cid, un área de recreo rodeada por encinares y paredes escarpadas. Destacables son también las amplias parameras con pastizal natural en la zona del Puerto de las Cabrillas, con la influencia antrópica de las "cerradas" (vallado de piedra) y los "chozos" (chozas realizadas en piedra-seca para el resguardo de pastores, agricultores y ganados). La Loma del Pinar destaca por su abundante masa de pinar en la vertiente norte.
    El barranco de la Tosquilla prolonga los relieves de plataformas desde Cantavieja hasta la Iglesuela del Cid, llegando hasta la Rambla de las Truchas. El paisaje se corresponde con un profundo encajamiento fluvial; el pino silvestre domina en la parte superior de las cornisas, mientras que las laderas son ocupadas por un bosque mixto de boj y carrasca acompañado por repoblaciones.
    Otro espacio natural importante es la cabecera del río de la Cuba, compuesta por ramificaciones de cañones calizos con un recubrimiento vegetal muy denso. A 300 metros de profundidad se encuentra el cauce del río, donde aparecen formaciones riparias integradas sobre todo por sauces.


Para conocer más esta comarca, recomendamos la página
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