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La página de la Comarca
de Calatayud ¡Pincha la foto! |
La
ciudad de Calatayud organiza una extensa comarca. Como los dedos
de una mano se juntan en la cavidad de la palma, así
fluyen los ríos, descendiendo desde los páramos de
la provincia de Guadalajara o desde la alta meseta soriana,
para entregar sus aguas al Jalón en la amplia hoya
donde se alza la ciudad.
En
el corazón del Sistema Ibérico, los paisajes de la
comarca oscilan entre la dulzura de las vegas -fértiles,
bien cultivadas, cubiertas de árboles frutales- y la dureza
de las parameras inhóspitas, ventosas y frías
donde crecen las sabinas. Entre ambos extremos se extienden las
viñas, los almendros y los olivos- formando franjas en las
partes bajas y medias de las laderas- y los campos de cereal
y el monte de carrascas, que cubren las partes altas.
En
el roquedo predominan los yesos, con sus escarpes blanquecinos,
en el entorno de Calatayud y en el fondo de la depresión:
señorean con su claridad los paisajes bajos del Jiloca
y del Perejiles. Las rocas paleozoicas, ya sean blandas como las
pizarras o duras como las cuarcitas, abundan mucho: los tonos
rojizos, pardos o metálicos de las pizarras dan color
a la hoya del Frasno y las cuarcitas dominan, con su dureza, las
cresterías de las sierras. Las arcillas ofrecen la
tonalidad terrosa, con todos los matices cálidos, que caracteriza
buena parte de la comarca, sobre todo en los límites con
Soria y Guadalajara. Las calizas ofrecen paisajes muy característicos:
en ellos han labrado los ríos los cañones y foces
por donde discurren los viejos caminos que llevaban a Castilla,
los que fueron protegidos por castillos que ahora, ruinosos,
se alzan sobre el curso de los ríos que vienen de la Meseta.
Los
pueblos son grandes y de caseríos muy apretados. Casi todos
tenían alrededor de mil habitantes hace medio siglo y ahora,
aunque muy heridos en su demografía por el éxodo rural,
mantienen cascos urbanos amplios, con planos casi siempre complejos
que muestran la influencia musulmana en su trazado. También
la vieja herencia árabe se hace patente en el arte mudéjar,
del que la comarca ofrece una amplísima colección
de obras de arte entre las que se encuentran las que han permitido
caracterizar este estilo.
La
vieja Comunidad de Aldeas de Calatayud se organizó, en sus
inicios medievales, por riberas, agrupando cada una
de las riberas a los pueblos situados en la cuenca de
un río. Este criterio sigue siendo útil ahora, tanto
para describir el territorio como para organizar los recorridos
por la comarca.
Fuente:
www.calatayud.com
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