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Ubicada
en la zona más oriental de la provincia de Zaragoza, ocupa
el vértice del triángulo que se adentra en Cataluña
arropando al Ebro en su búsqueda del mar, entre las provincias
de Huesca y Teruel, y frente a Lleida y Tarragona. Tierra
de frontera con acrecentados valores aragoneses pese a que
la mitad de sus habitantes hablen una variedad local del catalán.
Sus terrenos son secos como corresponde a su bajísimo
índice de lluvias recibidas. Varios ríos de
caudal sumamente irregular la riegan (Guadalope, Regallo, Algas,
Matarraña, Ebro), y como paradoja el Ebro se embalsa
en Mequinenza en un gran pantano de 1.500 millones de metros
cúbicos, el llamado Mar de Aragón. La evaporación
y las numerosas obras públicas derivadas han cambiado
el paisaje, apaciguando un clima extremo y cohesionando los diez
pueblos que cuentan con una buena red de careteras.
La
economía de la zona se basa en industrias activas en Mequinenza,
de producción eléctrica en Sástago o
Escatrón, industrias de transformación en Maella y
Caspe, y agricultura en todas ellas. Todos los pueblos son
grandes y casi autosuficientes, ejerciendo Caspe la capitalidad
comarcal, con una amplia dotación de servicios. La producción
agrícola es abundante en olivos, vid, almendros y ahora
frutales.
La
primera traza de la villa de Caspe se remonta a más de 3.000
años atrás; su casco antiguo habla de aljamas,
juderías, y vasallajes a la orden de San Juan; palacios renacentistas,
fortines, ermitas e iglesias. En el colegial de Santa María
y en lo que fue castillo de Bailío se celebró,
en 1412, el acontecimiento histórico del Compromiso de Caspe,
pacto histórico entre las coronas de Aragón
y Castilla.
Mequinenza
y Fayón son pueblos completamente nuevos, construidos tras
anegar el Ebro embalsado su solar tradicional. Nonaspe, otero
al viento, tiene una ermita a la Virgen de Dos Aguas en un
paraje privilegiado en el que unen sus aguas el Algás y el
Matarraña. Camino de Maella, cuna del genial escultor
Pablo Gargallo, un precioso mausoleo romano recuerda la presencia
imperial en la zona.
En
Chiprana, los romanos y sanjuanistas dejaron poso de su paso. Escatrón
y Sástago, a orillas del Ebro, tienen encantos propios
para recomendar su visita, destacando el monumental y nunca
acabado de restaurar monasterio de Rueda, joya cisterciense del
siglo XIII, sede del futuro Museo del Ebro.
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